

Con estas palabras que fueron las primeras que tu torpe y nerviosa tía escribió en un correo electrónico el día que tú naciste, ese 19 de agosto de 2008, dije a algunos que ya estabas aquí:
"Hola a todos:
Con este mensaje os quiero decir que soy tía de una niña que ha nacido hoy 19 de agosto a las 10 de la mañana.
Merce"
Por eso me gustaría contar lo que en aquel momento no fui capaz de expresar. Cuando fuimos a conocer a mi sobrina Paula al hospital, a las pocas horas de nacer, sentí algo que no sé como describir. Al verla en la cuna y estar cerca de ella, mi mente se llenó de un montón de cosas. En especial el recuerdo de personas como su abuela Carmina, que ya no ha podido conocer a Paula. Pero el sentimiento de ternura fue tan grande que esos segundos de tristeza desaparecieron. Yo nunca había visto a un bebé recién nacido. Mi primer pensamiento fue que dentro de aquella cuna había una niña preciosa. Es una pequeñita, gordita y de ojitos azules, que cuando la veo en brazos de sus padres, sé que esa criatura que parece tan indefensa, y que tiene sólo unas pocas semanas, necesita, para crecer y descubrir el mundo, toda la atención de sus padres y de quienes estamos a su alrededor. Aunque ya empieza a decirnos lo que quiere para estar tranquila y cómoda.
Bueno, amigos, creo que basta de que su tía deje de decir cómo es Paula para que lo vea todo el que lea estas líneas escritas con todo el cariño. Ahora es el momento de verla en unas fotos.
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